Month: septiembre 2016

¿Existe la adicción a Internet?

¿EXISTE LA ADICCIÓN A INTERNET?

A más de uno le puede sorprender el título de este post. En nuestro día a día, ya sea en las conversaciones cotidianas o a través de los medios de comunicación, escuchamos hablar con mucha frecuencia de la ‘adicción’ a Internet, los móviles, las redes sociales… Pero, ¿realmente existe?

Lo primero que debemos saber es que hay mucho debate en torno a la “Adicción a Internet”. Por un lado, encontramos profesionales que están a favor de su existencia y la clasifican como una adicción ‘no química’, es decir, en la que no existe una sustancia responsable de dicha conducta adictiva. Por otro lado, muchos expertos no están de acuerdo con su definición como ‘adicción’, al observar diferencias considerables con respecto a las adicciones (a sustancias) y al no haber datos que concluyan dicha calificación. De hecho, la Adicción a Internet no aparece en el DSM, que es el principal manual para el diagnóstico de desórdenes mentales, ni tampoco es aceptada por las principales asociaciones profesionales, como las Asociaciones Americanas de Psicología y Psiquiatría.

¿Y entonces? ¿Qué nombre le ponemos a esa conducta? Pues todos podemos estar de acuerdo en que a veces resulta bastante problemática…

Sí. Claramente hay personas que pasan muchísimas horas navegando por Internet, que no se conforman con revisar su correo un par de veces y que sacrifican actividades importantes de su vida, ya sea aficiones, estudios, trabajo, relaciones sociales… Para algunos el uso de Internet puede convertirse en algo bastante problemático. No obstante, si hay que ponerle un nombre, me sumo a aquellos que prefieren hablar de un “uso excesivo” de Internet, pero no de una adicción a Internet. Entre otras cosas porque no sería justo incluir bajo una misma etiqueta dificultades tan diversas. En la mayoría de los casos el uso excesivo o problemático de Internet no viene motivado por Internet en sí, sino por otras causas que llevan a la persona a acudir a Internet. Puede que sea tímida y trate de soslayarlo a través de la comunicación online, puede que haya un problema del que intenta evadirse o puede que simplemente tenga dificultades a la hora de distribuir su tiempo. Esto nos ofrece una visión bastante distinta y nos coloca en una mejor posición de ayuda, ya seamos familiar, amigo o terapeuta.

Lo cierto es que llevamos muy poco tiempo con una presencia tan intensa de las redes en nuestra vida y cada día le otorgamos un papel más importante: gestionamos actividades personales y profesionales a través del ordenador, nos comunicamos y accedemos a información de manera inmediata, desarrollamos hobbies en la red e incluso estamos ligando la enseñanza a la utilización de estas tecnologías. Con este innovador paisaje, se torna complicado determinar cuál es el uso ‘normal’ de Internet. Lo que parece estar claro es que aún nos queda mucho que aprender sobre la gestión eficaz y positiva de todas sus posibilidades.

 

Elena López.

 

Amistades que construyen

AMISTADES QUE CONSTRUYEN.

Hoy, de forma inesperada, he recibido un paquete de parte de una gran amiga, que se encuentra a muchos kilómetros de distancia. En ese paquete, además de bellas palabras y muchas chocolatinas, venía una gran carga de energía, fuerza y cariño. Ese paquete me ha hecho reír y llorar, y como no es de extrañar para mi ‘cabecita inquieta’, me ha hecho reflexionar… ¡Qué importante es la amistad! De veras, ¡qué importante! Y con amistad hoy me quiero referir a la amistad ‘de la buena’, de la de Sancho Panza y Don Quijote, de la que hablaba Aristóteles cuando decía que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.”

Dada mi profesión, soy consciente del papel que juega la amistad en la vida de las personas. El apoyo social y el contacto con los amigos son aspectos indispensables en la salud mental, algo que muchos estudios se encargan de constatar: reduce el estrés, fomenta la autoestima, mejora nuestra capacidad de aprendizaje… Pero eso es teoría, y ella no se deja ‘sentir’.

 

Lo verdaderamente bonito es ser consciente de que la teoría se vuelve práctica. No hay nada mejor que contar con un amigo cuando nos encontramos mal, cuando necesitamos que nos hagan reír aunque sólo queramos llorar. De igual modo, no hay nada más grande que una tarde de risas con esa persona insustituible. Los amigos no sólo nos ayudan a superar los momentos malos, sino que los neutros los hacen buenos, y los buenos los hacen mejores. A esto debía referirse Francis Bacon cuando decía que “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”. No obstante, diría que ese es el beneficio emocional, pero creo que hay mucho más… Me permito añadir que la amistad nos construye, nos reprende cuando podemos dar más de nosotros mismos, nos empuja a alcanzar nuestros sueños… Nos cambia. Nos transforma. Nos hace mejores. Y es que nos fuerza a aprender constantemente sobre nosotros mismos y nos ofrece alternativas de pensamiento y conducta bien diferentes a las que ya poseemos.

El problema es que, a pesar de que vivimos diariamente dichos efectos en primera persona, solemos estar muy ciegos; no logramos valorar el impacto tan tremendamente positivo que los demás tienen en nosotros. Es por ello que me permito daros un consejo. Si hay alguien en vuestra vida que os haga vibrar y sentir bien, enérgicos, positivos, únicos… no dejéis que se escape. Llamadlo/a; coged el teléfono y llamadlo/a. Quedad y reíos juntos. Sé consciente de que ese tipo de personas son las que te construyen, día a día, en algo muchísimo mejor.

 

Gracias querida amiga por inspirarme tanto.

Elena López.