ALEGRÍA, lato sensu.

Abrimos mes en “LATO SENSU” y lo hacemos con Alegría 😊 Ya os expliqué por las redes sociales que, cada mes, elegiremos una emoción y la abordaremos desde un sentido amplio. Es decir, no sólo desde una perspectiva psicológica, sino también musical, artística, etc. En relación a esto, y antes de empezar de lleno con esta aventura, me gustaría aclarar que todo lo que escribo lo hago desde un profundo cuidado, curiosidad y respeto. Pero este proyecto tiene mucho de búsqueda y aprendizaje propios, así que agradeceré toda nueva información o debate.

Dicho esto, empezamos con un grande entre los grandes: Ludwig Van Beethoven. Y nos vamos a centrar en una de sus obras más populares, la Sinfonía nº 9 en re menor, op. 125. Concretamente en su 4º movimiento, también conocido como “Himno de la Alegría”. ¿Te va sonando?

Ésta no es sólo una de las melodías más conocidas e interpretadas, sino que es (¡nada más y nada menos!) Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO e Himno de la Unión Europea. No estamos hablando de cualquier obra, pero es que tampoco estamos hablando de cualquier emoción... Y con ese cometido, buscando encontrar la melodía que exaltara una emoción tan deseada como la alegría, Beethoven (muy muy sordo a esas alturas) crea esta maravilla musical y, además, lo hace incluyéndole la adaptación de un famoso poema de Friedrich Schiller, “Oda a la Alegría”.

Resumiendo: tenemos unas voces cantando un texto acerca de la alegría y una melodía buscando precisamente exaltar la misma. Pero, ¿os habéis parado a pensar si esta obra os transmite alegría?

Os hacía esta pregunta hace unos días y muchos afirmabais que sí, pero añadíais también haber sentido “preocupación”, “tiempos de guerra” o “intriga”. Me encanta que hayáis escrito vuestra opinión porque lo cierto es que, aunque la obra es un verdadero “Himno a la Alegría”, esto no quiere decir que sea una constante expresión de la misma.

Para empezar, es cierto que la música evoca emociones, pero éstas van a depender mucho de otras variables como los aspectos personales o culturales. Sí amigos/as, no nos podemos olvidar de que la música es un producto cultural y, por lo tanto, las emociones que logre transmitirnos estarán supeditadas a aquello que hemos 'aprendido' que una determinada armonía musical nos está contando. Quizás en otros momentos nos paremos más detenidamente a hablar sobre dichas características y recursos en nuestra música, así como el impacto que generan en nuestra propia emocionalidad. Hoy nos quedaremos en una perspectiva más global, y desde esta posición retrocedo para volver a preguntar: ¿esta obra transmite alegría?

Mi respuesta sería: “sí y no”.

¿Por qué? Pues porque no es una obra en la que Beethoven cree una fiesta sin más, sino en la que nos cuenta una historia, y esa narrativa musical tiene más que ver con la búsqueda y la lucha hasta llegar a la alegría. Es cierto que el tema principal, el que todos conocemos y sabemos tararear, es la expresión de la alegría misma, de su encuentro. Pero para llegar a ella hay varios intentos previos, hay búsqueda, hay frustración, hay disonancia… Y todo esto nos lo está contando la música. También nos cuenta y nos repite el momento en que llega a su objetivo, la alegría, y logra realzarla y darle cada vez más importancia. ¿Cómo? Aumentando la intensidad del sonido, la velocidad, haciendo repeticiones y variaciones del tema principal…

Cuando uno empieza a pararse a escuchar, de verdad, lo que puede llegar a expresar la música, es cuando le da la importancia que merece a su capacidad comunicativa, influyente, reivindicativa… Pero te des cuenta o no, toda esa información, directa o sutil, te está llegando y está generando un impacto. Para que os hagáis una idea de esto, os cuento una anécdota que he descubierto. Parece ser que una estrofa del poema de Friedrich Schiller fue prohibida por hacer referencia a la igualdad o hermandad entre ‘el rey y el pobre’, para acabar maquillándose en algo así como ‘todos los hombres serán hermanos’. Beethoven, como gesto reivindicativo, y tratando de comunicar precisamente ese mensaje, elaboró una parte del movimiento unificando estructuras musicales muy refinadas con otras bastante toscas y simples. (¡Punto para Beethoven!)

Pero volvamos a la alegría, y a cómo la encontramos en esta obra. 

Lo cierto es que ésta no se mantiene como una sensación constante de festividad e idilio, y esto es así porque ni Beethoven ni Friedrich Schiller tenían ese concepto de la alegría. Nada de purpurina fácil. Esta emoción no viene libre de esfuerzo, sino todo lo contrario: es un estado que hay que trabajar, una sensación por la que debemos batallar y que debemos proteger frente a otras ‘fuerzas’ más chungas. En ese sentido, Friedrich Schiller hace referencia a la alegría como “hija del Elíseo”. Según la mitología griega, el Elíseo es el paraíso de los guerreros y de aquellos que defienden algunos ideales como la bondad. Por lo tanto, eso que comentaba una persona sobre transportarla a “tiempos de guerra”… ¡Bingo!

Personalmente, me parece una visión de lo más realista y acertada. La alegría a menudo hay que lucharla a través de un trabajo personal, poniendo esfuerzo en llevar a cabo proyectos y valores propios que te sitúen en un lugar donde te sientas más realizado y a gusto. Y como nos muestra el inicio de esta obra, ese camino a veces es duro: llegamos a puntos donde descubrimos que no queremos estar, nos cansamos de intentar sin resultado, nos confundimos… Pero al final volvemos a sentir la energía, nos movilizamos al comprobar que nuestra meta está más cerca y empezamos a sentir qué es eso que llaman ALEGRÍA.

 

¡Seguiremos hablando de esta emoción!

Mientras tanto, sed libres de teclear y compartir opiniones. 😊

 

Elena López M.

Psicóloga y Psicoterapeuta

 

Encuentra más en: Facebook @lomarpsicologia e Instagram @lomarpsicologia

 

 

3 thoughts on “

  1. Siendo sincera conmigo y con todos ustedes , “alegría”, como yo entiendo que se puede llamar a un estado anímico placentero y divertido , no me produce alegría.
    Quizás nunca me detuve lo suficiente a oírla con la intención de buscar alegría en la obra, y he observado que no la he sentido . Sí que me ha paseado por muchas sensaciones y emociones, yo diría como la vida misma, pasando por momentos de frenesí, estrés , calma, para volver a subir, pero la realidad es que me ha transportado más hacia vidas pasadas de guerras, victorias y tiempos de paz

  2. Quería decir antes de nada, que me encanta como expones y argumentas en cada uno de los post del blog.
    A mi sí que me transmite esa alegría (le he dado a reproducir mientras lo leía e incluso la he cantado :D). Es cierto que no desde el primer segundo, es algo que se va tejiendo.
    Espero que sigas con «lato sensu» porque me parece muy interesante.

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