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Cuento del camino de la fuente

CUENTO DEL CAMINO DE LA FUENTE

Un aguador de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban de los extremos de un palo que sostenía en su espalda. Una de las vasijas tenía varias grietas por las que perdía agua, de modo que al final del camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido, desde el arroyo hasta la casa de su patrón.

Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque, debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.”

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió apenada porque sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores a lo largo de todo el trayecto. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.”

 

Cuento Indio.

Querido Pablo, gracias.

QUERIDO PABLO, GRACIAS.

Querido Pablo,

Quizás sea tarde… pero no podía dejar de escribirte una carta.

Hace ya tiempo que te conocí a través de las redes sociales y que empezaste a formar parte de mi vida y de la de muchas otras personas. Prácticamente te convertiste en un “amigo”, a pesar de que nunca nos hemos conocido. Quizás te tengo especial cariño por ser malagueño, por recordarme a personas queridas que han estado en la misma situación que tú, por convertirte en el reflejo de muchos otros que padecen en silencio, pero sobre todo por ser ese tipo de persona que arroya con su forma de ver la vida.

Hace ya tiempo, además, que me haces pensar… y este fin de semana esos pensamientos se han mezclado con dolor, tristeza, frustración… No esperaba este desenlace. Uno siempre piensa que la vida tratará bien a la gente buena, pero creo que la vida no entiende de esos temas.

Cierro los ojos e intento ponerme en una posición como la tuya. En cuestión de… ¿minutos?, a todo el vocabulario que te califica se añade una palabra intrusa, a la que todos tememos: CÁNCER. Menudo terremoto sacude tu existencia. Incertidumbre, dolor, debilidad, aislamiento, tristeza… MIEDO. Mucho miedo. Puedo contagiarme de esas emociones y sensaciones, abrumarme por ello, y aun así no acercarme a la experiencia tan dura por la que has pasado. Por la que pasan día a día muchísimas personas. Al hacer esto sólo puedo concluir una cosa: cuánto más valor tenía tu actitud, amigo. Cómo te engrandece tener esa filosofía por bandera, aún a pesar de las dificultades. Porque en la teoría todo el mundo sabe qué se debe valorar, cuán bueno para nosotros es ser positivos… pero la práctica es otro mundo.

Es curioso como esa palabra nos arrastra… ¿Por qué tememos tanto al cáncer? Obviando el hecho de que todos queremos salud y que, como seres vivos que somos, nuestra mayor motivación es la vida, creo que esta enfermedad tiene el poder de recordarnos lo efímeros que somos. A menudo, inmersos en nuestro día a día, se nos olvida que ‘somos’ sólo por un tiempo limitado y que ese reloj puede decidir parar en cualquier momento. Se nos olvida que la vida en sí es pura incertidumbre, que puede que no estemos aquí mañana… El cáncer llega entonces para recordarnos que no tenemos el control de todo; más bien no tenemos el control de nada. Y da igual quién seas o cómo seas, porque la vida sigue su curso y, como decía antes, no entiende de esos temas.

En medio de tanta inseguridad, sólo nos queda luchar mientras podamos y vivir el momento… Puede parecer poco, pero cada momento de nuestra vida es el mayor tesoro que jamás nos regalarán. Un segundo de vida es un segundo para amar, un segundo para compartir, un segundo para comprobar que todo lo que te rodea es magia, un segundo para aprovechar y ser feliz… porque nunca sabes si tendrás otro segundo más. Pablo, tú esto lo sabías mejor que nadie y buscaste compartir esa visión con la gente. Trataste de abrirnos los ojos, a nosotros, tan dormidos en la monotonía, tan acostumbrados a la falta de asombro y agradecimiento por la vida.

Hace ya unos días que te fuiste… Tu tiempo de vida ha sido breve, más de lo que nos hubiera gustado a muchos, pero la brevedad puede ser eterna si se vive intensamente, si se consigue generar un impacto. Y tú lo has conseguido. Creo que tu tiempo, de algún modo, aún sigue rodando: a través de tu filosofía, de tu sonrisa ante la adversidad, del aprendizaje regalado, del aliento dado a tantas personas, de tu fuerza… Has conseguido que mucha gente despierte, que viva de otra forma, que sea consciente de su capacidad, no sólo para vivir su vida, sino para regalar vida. Has conseguido concienciarnos y aumentar las donaciones de médula. Has conseguido mover algo dentro de nosotros… y nunca más volveremos a ser los mismos.

Querido Pablo, tu tiempo, aunque breve, ha sido intenso. Un verdadero tsunami capaz de tambalearnos a todos, de cambiarnos lo suficiente para generar algo diferente y más positivo. Ojalá pudiera habértelo dicho antes. Ahora sólo nos queda continuar con tu lucha, con la de tantas personas como tú.

Gracias.

 

A su familia, pareja y amigos, mi más sentido pésame.

 

Elena López.

Maravillosa melodía, la vida.

MARAVILLOSA MELODÍA, LA VIDA.

“La vida es como un piano. Las teclas blancas representan felicidad y las negras tristeza. Conforme pasa el tiempo, te das cuenta de que las teclas negras también hacen música.”

Por pura casualidad he encontrado este texto. Desconozco el autor o autora, pero ha sido responsable de que escriba este post. 

Quien me conoce personalmente sabe que el piano siempre ha formado una parte importante de mi vida: es mi hobby, mi vía de escape y mi fuente de inspiración. Y sin embargo, nunca lo había visto de una forma tan metafórica.

La vida, de forma simplificada, podría definirse como una sucesión de momentos buenos y momentos malos. Desde aquellos en los que nos gustaría parar el tiempo, hasta aquellos otros que querríamos borrar, literalmente, de nuestras vidas. Sí, puede compararse con las teclas de un piano. Teclas blancas llenas de felicidad, pero también teclas negras llenas de amargura… O quizás al revés, quién sabe.

Mi profesión me lleva a conocer personas que están entonando esas notas negras... y aunque no me alegro de verlos en situaciones tan espinosas, me gusta comprobar con ellos que de ahí, justo de ahí, puede surgir la música más bella. Esas teclas son asombrosas, ya que fuerzan a sacar luz de lo que parecía un pozo oscuro, a seguir aprendiendo de nosotros mismos, a transformar nuestras vidas…

¿Qué sería de la música sin bemoles y sostenidos? ¿Qué sería de la música sin escalas menores, de sonidos melancólicos? ¿Qué sería de la música…? ¡Y de la vida misma!

Todos hemos escuchado eso de que lo ‘negativo’ es lo que nos permite valorar lo ‘positivo’. No le falta razón; pasarlo mal, tener momentos de bajón… a más de uno nos ha servido para apreciar todo cuanto tenemos. Pero creo que su función es mucho más importante. Siendo justos, las teclas negras son las verdaderas responsables de que crezcamos como personas, de que luchemos por aquello que deseamos y cambiemos nuestras vidas por completo. Porque al final de eso se trata, de que las notas más tristes de nuestra historia se entonen como un grito de lucha, como un grito de aliento…

La vida, al igual que un piano, ofrece las teclas, pero quien pone el sentimiento, la intensidad, el tempo... eres tú. El intérprete y compositor eres tú. Y siempre puedes formar acordes con notas decididas, perseverantes, positivas… para acabar componiendo una melodía que muestre con orgullo lo grande que eres bailando tu propia música.

Vibrando con ella.

Aprendiendo de ella.

Maravillosa melodía...

 

Elena López.

 

 

COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA

COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA.

La comunicación a través de medios electrónicos como el teléfono móvil o el ordenador es una de las características principales de nuestra sociedad. La mayoría de las personas conocen y utilizan redes sociales, chats u otras aplicaciones para comunicarse. Y es que los avances en la tecnología están permitiendo que nos comuniquemos de una forma rápida y fácil; sin embargo, también traen consigo ciertas limitaciones. La principal de ellas: la falta de información no verbal.

A simple vista, quizás no parece una pérdida importante… ¡Veamos! Pensemos en todas esas conversaciones a través de mensajes escritos:

¿Alguna vez se han malinterpretado tus palabras? ¿Has tenido problemas para definir con qué actitud o intencionalidad te escribía una persona? ¿En alguna ocasión has discutido debido a la interpretación errónea de un mensaje?

No es de extrañar que la mayoría respondamos afirmativamente a dichas cuestiones. Cuando conversamos a través de mensajería escrita recogemos información de las palabras, pero desconocemos toda aquella que proviene de la voz, las expresiones faciales, los gestos, las posturas… Esto hace que a veces sea muy difícil entendernos porque nos falta información sobre las emociones, actitudes e intenciones de nuestro interlocutor. Y todas esas señales son importantes a la hora de entender el mensaje y reaccionar a él.

No obstante, aunque esta falta de información no verbal pueda llevar a ciertas dificultades, no hay que ser alarmistas. La mayoría de personas logran adaptarse y conseguir una transmisión eficaz a través de los medios electrónicos. Aun así, para evitar estos ‘apuros’ o malentendidos os propongo algunos consejos:

  • Si es posible, haz videollamadas. Éstas son un gran sustituto a la comunicación cara a cara, ya que permite obtener información de la voz, las expresiones faciales y ciertos gestos.
  • Si es importante, dilo cara a cara. Las comunicaciones importantes hay que hacerlas en persona. Aunque sean mensajes difíciles y nos sintamos inseguros… debemos enfrentarnos a ello. Especialmente para que la gente pueda entender mejor nuestro mensaje y nosotros podamos captar su reacción ante el mismo.
  • Si vas a escribir, usa emoticonos. Esos pequeños dibujos nos ayudan a compensar la falta de información no verbal y posibilitan la transmisión de estados de ánimo, emociones e intenciones. Por ejemplo, permiten definir si un mensaje es serio o irónico.
  • ¡Juega con la escritura! Otras opciones para dar intencionalidad al mensaje son la repetición de letras, el uso de mayúsculas y los signos de puntuación como las exclamaciones o los puntos suspensivos.

¡Inténtalo! La tecnología permite que nos comuniquemos... ¡de nosotros depende el entendernos!

 

Elena López.

 

¿Existe la adicción a Internet?

¿EXISTE LA ADICCIÓN A INTERNET?

A más de uno le puede sorprender el título de este post. En nuestro día a día, ya sea en las conversaciones cotidianas o a través de los medios de comunicación, escuchamos hablar con mucha frecuencia de la ‘adicción’ a Internet, los móviles, las redes sociales… Pero, ¿realmente existe?

Lo primero que debemos saber es que hay mucho debate en torno a la “Adicción a Internet”. Por un lado, encontramos profesionales que están a favor de su existencia y la clasifican como una adicción ‘no química’, es decir, en la que no existe una sustancia responsable de dicha conducta adictiva. Por otro lado, muchos expertos no están de acuerdo con su definición como ‘adicción’, al observar diferencias considerables con respecto a las adicciones (a sustancias) y al no haber datos que concluyan dicha calificación. De hecho, la Adicción a Internet no aparece en el DSM, que es el principal manual para el diagnóstico de desórdenes mentales, ni tampoco es aceptada por las principales asociaciones profesionales, como las Asociaciones Americanas de Psicología y Psiquiatría.

¿Y entonces? ¿Qué nombre le ponemos a esa conducta? Pues todos podemos estar de acuerdo en que a veces resulta bastante problemática…

Sí. Claramente hay personas que pasan muchísimas horas navegando por Internet, que no se conforman con revisar su correo un par de veces y que sacrifican actividades importantes de su vida, ya sea aficiones, estudios, trabajo, relaciones sociales… Para algunos el uso de Internet puede convertirse en algo bastante problemático. No obstante, si hay que ponerle un nombre, me sumo a aquellos que prefieren hablar de un “uso excesivo” de Internet, pero no de una adicción a Internet. Entre otras cosas porque no sería justo incluir bajo una misma etiqueta dificultades tan diversas. En la mayoría de los casos el uso excesivo o problemático de Internet no viene motivado por Internet en sí, sino por otras causas que llevan a la persona a acudir a Internet. Puede que sea tímida y trate de soslayarlo a través de la comunicación online, puede que haya un problema del que intenta evadirse o puede que simplemente tenga dificultades a la hora de distribuir su tiempo. Esto nos ofrece una visión bastante distinta y nos coloca en una mejor posición de ayuda, ya seamos familiar, amigo o terapeuta.

Lo cierto es que llevamos muy poco tiempo con una presencia tan intensa de las redes en nuestra vida y cada día le otorgamos un papel más importante: gestionamos actividades personales y profesionales a través del ordenador, nos comunicamos y accedemos a información de manera inmediata, desarrollamos hobbies en la red e incluso estamos ligando la enseñanza a la utilización de estas tecnologías. Con este innovador paisaje, se torna complicado determinar cuál es el uso ‘normal’ de Internet. Lo que parece estar claro es que aún nos queda mucho que aprender sobre la gestión eficaz y positiva de todas sus posibilidades.

 

Elena López.

 

Amistades que construyen

AMISTADES QUE CONSTRUYEN.

Hoy, de forma inesperada, he recibido un paquete de parte de una gran amiga, que se encuentra a muchos kilómetros de distancia. En ese paquete, además de bellas palabras y muchas chocolatinas, venía una gran carga de energía, fuerza y cariño. Ese paquete me ha hecho reír y llorar, y como no es de extrañar para mi ‘cabecita inquieta’, me ha hecho reflexionar… ¡Qué importante es la amistad! De veras, ¡qué importante! Y con amistad hoy me quiero referir a la amistad ‘de la buena’, de la de Sancho Panza y Don Quijote, de la que hablaba Aristóteles cuando decía que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.”

Dada mi profesión, soy consciente del papel que juega la amistad en la vida de las personas. El apoyo social y el contacto con los amigos son aspectos indispensables en la salud mental, algo que muchos estudios se encargan de constatar: reduce el estrés, fomenta la autoestima, mejora nuestra capacidad de aprendizaje… Pero eso es teoría, y ella no se deja ‘sentir’.

 

Lo verdaderamente bonito es ser consciente de que la teoría se vuelve práctica. No hay nada mejor que contar con un amigo cuando nos encontramos mal, cuando necesitamos que nos hagan reír aunque sólo queramos llorar. De igual modo, no hay nada más grande que una tarde de risas con esa persona insustituible. Los amigos no sólo nos ayudan a superar los momentos malos, sino que los neutros los hacen buenos, y los buenos los hacen mejores. A esto debía referirse Francis Bacon cuando decía que “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”. No obstante, diría que ese es el beneficio emocional, pero creo que hay mucho más… Me permito añadir que la amistad nos construye, nos reprende cuando podemos dar más de nosotros mismos, nos empuja a alcanzar nuestros sueños… Nos cambia. Nos transforma. Nos hace mejores. Y es que nos fuerza a aprender constantemente sobre nosotros mismos y nos ofrece alternativas de pensamiento y conducta bien diferentes a las que ya poseemos.

El problema es que, a pesar de que vivimos diariamente dichos efectos en primera persona, solemos estar muy ciegos; no logramos valorar el impacto tan tremendamente positivo que los demás tienen en nosotros. Es por ello que me permito daros un consejo. Si hay alguien en vuestra vida que os haga vibrar y sentir bien, enérgicos, positivos, únicos… no dejéis que se escape. Llamadlo/a; coged el teléfono y llamadlo/a. Quedad y reíos juntos. Sé consciente de que ese tipo de personas son las que te construyen, día a día, en algo muchísimo mejor.

 

Gracias querida amiga por inspirarme tanto.

Elena López.