QUERIDO PABLO, GRACIAS.

Querido Pablo,

Quizás sea tarde… pero no podía dejar de escribirte una carta.

Hace ya tiempo que te conocí a través de las redes sociales y que empezaste a formar parte de mi vida y de la de muchas otras personas. Prácticamente te convertiste en un “amigo”, a pesar de que nunca nos hemos conocido. Quizás te tengo especial cariño por ser malagueño, por recordarme a personas queridas que han estado en la misma situación que tú, por convertirte en el reflejo de muchos otros que padecen en silencio, pero sobre todo por ser ese tipo de persona que arroya con su forma de ver la vida.

Hace ya tiempo, además, que me haces pensar… y este fin de semana esos pensamientos se han mezclado con dolor, tristeza, frustración… No esperaba este desenlace. Uno siempre piensa que la vida tratará bien a la gente buena, pero creo que la vida no entiende de esos temas.

Cierro los ojos e intento ponerme en una posición como la tuya. En cuestión de… ¿minutos?, a todo el vocabulario que te califica se añade una palabra intrusa, a la que todos tememos: CÁNCER. Menudo terremoto sacude tu existencia. Incertidumbre, dolor, debilidad, aislamiento, tristeza… MIEDO. Mucho miedo. Puedo contagiarme de esas emociones y sensaciones, abrumarme por ello, y aun así no acercarme a la experiencia tan dura por la que has pasado. Por la que pasan día a día muchísimas personas. Al hacer esto sólo puedo concluir una cosa: cuánto más valor tenía tu actitud, amigo. Cómo te engrandece tener esa filosofía por bandera, aún a pesar de las dificultades. Porque en la teoría todo el mundo sabe qué se debe valorar, cuán bueno para nosotros es ser positivos… pero la práctica es otro mundo.

Es curioso como esa palabra nos arrastra… ¿Por qué tememos tanto al cáncer? Obviando el hecho de que todos queremos salud y que, como seres vivos que somos, nuestra mayor motivación es la vida, creo que esta enfermedad tiene el poder de recordarnos lo efímeros que somos. A menudo, inmersos en nuestro día a día, se nos olvida que ‘somos’ sólo por un tiempo limitado y que ese reloj puede decidir parar en cualquier momento. Se nos olvida que la vida en sí es pura incertidumbre, que puede que no estemos aquí mañana… El cáncer llega entonces para recordarnos que no tenemos el control de todo; más bien no tenemos el control de nada. Y da igual quién seas o cómo seas, porque la vida sigue su curso y, como decía antes, no entiende de esos temas.

En medio de tanta inseguridad, sólo nos queda luchar mientras podamos y vivir el momento… Puede parecer poco, pero cada momento de nuestra vida es el mayor tesoro que jamás nos regalarán. Un segundo de vida es un segundo para amar, un segundo para compartir, un segundo para comprobar que todo lo que te rodea es magia, un segundo para aprovechar y ser feliz… porque nunca sabes si tendrás otro segundo más. Pablo, tú esto lo sabías mejor que nadie y buscaste compartir esa visión con la gente. Trataste de abrirnos los ojos, a nosotros, tan dormidos en la monotonía, tan acostumbrados a la falta de asombro y agradecimiento por la vida.

Hace ya unos días que te fuiste… Tu tiempo de vida ha sido breve, más de lo que nos hubiera gustado a muchos, pero la brevedad puede ser eterna si se vive intensamente, si se consigue generar un impacto. Y tú lo has conseguido. Creo que tu tiempo, de algún modo, aún sigue rodando: a través de tu filosofía, de tu sonrisa ante la adversidad, del aprendizaje regalado, del aliento dado a tantas personas, de tu fuerza… Has conseguido que mucha gente despierte, que viva de otra forma, que sea consciente de su capacidad, no sólo para vivir su vida, sino para regalar vida. Has conseguido concienciarnos y aumentar las donaciones de médula. Has conseguido mover algo dentro de nosotros… y nunca más volveremos a ser los mismos.

Querido Pablo, tu tiempo, aunque breve, ha sido intenso. Un verdadero tsunami capaz de tambalearnos a todos, de cambiarnos lo suficiente para generar algo diferente y más positivo. Ojalá pudiera habértelo dicho antes. Ahora sólo nos queda continuar con tu lucha, con la de tantas personas como tú.

Gracias.

 

A su familia, pareja y amigos, mi más sentido pésame.

 

Elena López.

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